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Los carismas en el Nuevo Testamento

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Albert Vanhoye sj.

“Analecta Biblica” 191

2011, pp. 200

978-88-7653-191-0

disponibile solo in lingua italiana

€20.00
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El termine carisma siempre mantiene una relación con su sentido etimológico de "algo dado por generosidad." En el N.T. carisma se utiliza exclusivamente para los dones divinos. Algunos textos utilizan el término en un sentido muy general (Romanos 5,15, 6,23, 11,29), algunos en un contexto muy limitado (2 Corintios 1,11; 1 Cor 12,9.28.30), pero otros tienden hacia un punto de vista técnico (Rom 12,6; 1 Cor 12,4.31; 1 Timoteo 4.14; 2 Timoteo 1,6; 1 Pedro 4,10).
La característica principal de este punto de vista técnico es la diversidad de dones: los regalos son especiales ya que no forman parte de las gracias necesarias para todo cristiano, "no todos" tienen carisma tal y tal. Otro rasgo que se relaciona, es la distinción entre los dones y virtudes, en particular, entre los dones y la caridad. De una forma u otra, las letras de expresar una relación estrecha entre charis y carisma, los regalos son del orden de la gracia, el talento natural no son regalos, ni las situaciones humanas y corrientes (raza, condición social, profesión, etc ..) El origen divino del carisma se expresa de varias maneras: con más frecuencia (1 Cor 12,28, Romanos 12,6, 2 Timoteo 1,6; 1 Pedro 4,10) es el énfasis de Dios, que es designado, la relación con el Espíritu Santo, y mucho en 1 Corintios 12,4.7-11. No se expresa en otros textos, a veces el donante es Cristo, pero en los textos que no utilizan el carisma (Ef 4,7.11, Mc 16,20). Hechos 2,33 tiene una expresión de la Trinidad.
Todos los textos consideradan de manifiesto la autoridad apostólica sobre el uso de los dones. Pablo no duda en hacer unos requerimientos muy específicos y las normas (1 Cor 14,26-40). Al mismo tiempo, todos los textos muestran un balance positivo de su carisma. La Iglesia no parece haber una gran máquina administrativa, sino como un organismo vivo, "cuerpo de Cristo" (1 Corintios 12:27, Efesios 4:12), animada por el Espíritu Santo. Para realizar adecuadamente cualquier responsabilidad en la Iglesia, no sólo la capacidad humana, el sentido de la organización, de la decisión, pero se necesitade la docilidad personal al Espíritu Santo. Esta apertura trae consigo una actitud positiva acerca de las diversas manifestaciones del Espíritu. La jerarquía de la Iglesia no puede pretender tener el monopolio de los dones del Espíritu, pero tiene que reconocer con alegría que todos los fieles reciban los dones de la gracia, cuya diversidad es algo bueno para la vida de la Iglesia, aunque a veces resultar problemática.

SE Rev.ma el cardenal Albert Vanhoye, SJ. Nacido en Hazebrouck (FR) en 1923, rector ya digno del Pontificio Instituto Bíblico (1984-1990) y Secretario de la Pontificia Comisión Bíblica (1990-2001).

 

 

 
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